Desde mi perspectiva, experiencia y enseñanzas, ningún Wičháša (Ser Humano) camina por este Máni (Viaje) de la vida sin encontrarse con el dolor de Wóyakihi (Pena) o el dolor de Čháŋ T'ápi (Aflicción). Estas pruebas son tan naturales como el cambio de Tȟaté (Vientos) o el fluir de Mní Wakȟáŋ (Aguas Sagradas).
Sin embargo, es vital recordar que estos Wóyakihi (Dolores) y Čháŋ T'ápi (Penas) no provienen del reino del espíritu, donde nuestro Creador, el Gran Espíritu, Wakan Tanka, habita en eterna Wačháŋtognaka (Armonía).
Surgen del mundo de la materia, de las ilusiones y apegos del reino físico, donde el desequilibrio y la desarmonía nublan la claridad de nuestros Čhaŋté (Corazones) y Nagi (Espíritus).
El mundo espiritual, Wóuŋspe Wičháho (Enseñanzas Sagradas de la Sabiduría), por el contrario, es la fuente de todo Wíyokihi (Alegría), un depósito ilimitado de luz y amor que trasciende las sombras de las preocupaciones terrenales.
En este Wóčhékiya (Reino Sagrado), encontramos la verdadera esencia de nuestro ser: conectados, completos y en paz. Aquí, la Wóksape (Sabiduría) del Creador fluye incesantemente, y las enseñanzas de los Tȟuŋkášila (Abuelos/Ancestros) nos recuerdan que, incluso en medio de nuestras luchas, se están sembrando las semillas del crecimiento espiritual.
Cuando nos enfrentamos a Wóyakihi (Pena) y Čháŋ T'ápi (Dolor), se nos invita a volver la mirada hacia dentro y hacia arriba para buscar refugio en las Wóuŋspe Wíčhóȟ'aŋ (Verdades Espirituales) que nos anclan. Como el Wambli (Águila) que se eleva por encima del Maǧážu (Tormenta), se nos recuerda que debemos elevarnos por encima de los problemas efímeros del mundo y encontrar consuelo en lo eterno.
Por cada Máza Wíčhókiŋyaŋpi (Lágrima) derramada en este mundo material, hay una Olówaŋ (Canción) esperando surgir de las profundidades del Nagi (Espíritu): una canción de curación, unidad y alegría.
Mientras recorremos juntos este Škáŋ Šá (Camino Sagrado), recordemos que los desafíos del mundo material no son más que Wóuŋspe (Lecciones) que nos guían más cerca del Ičháǧe Wíyuha (Abrazo) del Creador.
Estas experiencias nos fortalecen y preparan para llevar adelante las Wóuŋspe Wičháho (Enseñanzas Sagradas) para vivir como instrumentos de paz y armonía. De este modo, transformamos el Wóyakihi (Dolor) en Wóksape (Sabiduría) y el Čháŋ T'ápi (Dolor) en una comprensión más profunda del Wíyokihi (Alegría) que nos espera en el reino espiritual.
Este es el camino de Wačháŋtognaka (Equilibrio), Wóuŋšila (Unidad) y Wówáčhiŋtaŋka (Esperanza). Al recurrir a la fuerza de nuestros Tȟuŋkášila (Antepasados) y al amor perdurable de la Wóčhékiya (Gran Misterio), se nos recuerda que nuestros Čhaŋté (Corazones) y Nagi (Espíritus) son siempre resistentes, siempre elevados y siempre conectados con la eterna Wíyokihi (Alegría) que fluye del corazón del Creador, Wakan Tanka.
Mitákuye Oyás'iŋ. Todos estamos relacionados.
¡Šúŋkmanu Hé Miyédo! ¡Čhaŋnúpa Sápa Hé Miyédo!
Ĥeȟáŋ Wičhášta/Delória Tiwašpaye, Iháŋktȟuŋwaŋ, y las Naciones Chickasaw.
