Cuatro mundos: dieciséis principios rectores para construir un mundo sostenible, armonioso y próspero

Principio 16: Sé el cambio que quieres ver

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Intentar convencer a otras personas de que cambien rara vez suele generar una transformación duradera. Podemos hablar con elocuencia sobre la paz, la justicia, la unidad, la sostenibilidad y una nueva civilización planetaria, pero nuestras palabras tendrán poco poder a menos que esos valores se reflejen en nuestra forma de vivir, de liderar, de organizarnos y de gestionar nuestros asuntos. Si realmente queremos dejar atrás el viejo paradigma colonial de dominación, explotación, competencia y separación, debemos empezar a actuar como si la transformación que buscamos ya hubiera comenzado, porque ha comenzado en nosotros.

Ser el cambio no es simplemente una idea inspiradora. Es una estrategia práctica para transformar el mundo. Cuando encarnamos una alternativa, la hacemos realidad. Cuando practicamos la cooperación en lugar de la competencia, la generosidad en lugar de la codicia, la consulta en lugar de la dominación y la unidad en lugar de la división, demostramos que es posible otra forma de vivir y trabajar. Ya no esperamos a que el mundo cambie para cambiar nosotros mismos. Damos un paso adelante y empezamos a crear el nuevo mundo a través de nuestras decisiones diarias, nuestras relaciones, nuestras instituciones y nuestras iniciativas.

Esta idea de «predicar con el ejemplo» constituye el núcleo de la sabiduría indígena. Nuestros valores no son meros conceptos sobre los que debatir; son responsabilidades que hay que vivir. Las enseñanzas deben hacerse visibles en cómo nos tratamos unos a otros, en cómo cuidamos de la Madre Tierra, en cómo ejercemos la autoridad, en cómo compartimos los recursos y en cómo tomamos decisiones. Un camino se hace real cuando alguien comienza a recorrerlo. Al recorrerlo, hacemos el camino para los demás.

Este principio es especialmente importante para las empresas, los gobiernos, las agencias de desarrollo, las organizaciones sin ánimo de lucro y las instituciones que afirman estar al servicio de la humanidad. Una organización enferma no puede promover la salud. Una institución gobernada por el miedo no puede crear libertad. Un equipo paralizado por la desconfianza, la competencia y los conflictos internos no puede forjar unidad en el mundo en general. Una empresa que explota a sus trabajadores, daña a la Madre Tierra o antepone el beneficio al bienestar humano no puede hablar con credibilidad sobre sostenibilidad y responsabilidad social.

Nuestras instituciones deben convertirse en ejemplos vivos del futuro que dicen apoyar. Su cultura interna, su liderazgo, sus prácticas financieras, sus alianzas y el trato que dispensan a las personas deben reflejar los valores que proclaman. Los negocios éticos no pueden quedarse en un eslogan o en una estrategia de relaciones públicas. Deben manifestarse mediante relaciones justas, una contabilidad honesta, inversiones responsables, una gestión medioambiental, la prosperidad compartida y un compromiso sincero con el bienestar de las generaciones futuras. El beneficio tiene su lugar legítimo, pero debe estar al servicio de la vida en lugar de dominarla.

Las estrategias más poderosas para el cambio implican, por lo tanto, dar un ejemplo positivo y crear modelos vivos de las soluciones que proponemos. La gente necesita algo más que promesas; necesita ver que la cooperación funciona, que la sanación es posible, que las empresas éticas pueden prosperar y que las comunidades pueden desarrollarse sin sacrificar su identidad, dignidad o relación con la Madre Tierra. Un ejemplo vivo y auténtico puede despertar la esperanza en miles de personas, porque transforma una idea en algo visible, práctico y alcanzable.

El paso de la pasividad a la acción decidida comienza en la conciencia. Empieza desde dentro: con la forma en que nos entendemos a nosotros mismos y nuestro lugar en el proceso de la vida que se va desarrollando. No somos observadores impotentes que esperan a que los gobiernos, las empresas o cualquier otra persona creen el futuro. Cada uno de nosotros participa en su creación. Cada decisión refuerza o bien el patrón antiguo o bien el que está surgiendo.

Entrar conscientemente en esta relación creativa con la vida es «entrar en la historia». Es reconocer que nuestros pensamientos, elecciones, relaciones, empresas e instituciones están dando forma al mundo que heredarán las generaciones futuras. Nos convertimos en antepasados a través de las decisiones que tomamos hoy.

La era de paz tan largamente profetizada no llegará como algo que nos sea transmitido desde otro lugar. Surgirá a medida que cada vez más personas empiecen a hacerla realidad en sus vidas. Debemos convertirnos en la cooperación, la justicia, la compasión, la integridad y la paz que estamos reclamando. Debemos construir empresas e instituciones que encarnen esos valores. Debemos hacer de nuestras vidas una prueba viva de que una nueva civilización planetaria no solo es posible, sino que ya está naciendo.

Nos convertimos en la alternativa al vivirla. Nos convertimos en el futuro al encarnarlo ahora. Al recorrer el camino, lo hacemos visible.

Traducción realizada con la versión gratuita del traductor DeepL.com

Originally published on Four Worlds Wisdom, Hereditary Chief Phil Lane Jr.’s Substack.